QUIERO SER PUTA Y ESCORT … ¿Y FEMINISTA TAMBIÉN?

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QUIERO SER PUTA Y ESCORT … ¿Y FEMINISTA TAMBIÉN?

QUIERO SER PUTA Y ESCORT … ¿Y FEMINISTA TAMBIÉN?

La verdad es que el título ya dice mucho de lo que vamos a expresar con nuestras palabras, hay mujeres que deciden por motu propio ser puta, ser escort, y que además, encuentran un significado feminista a todo ello aunque parezcan términos distantes y contrarios, no por nada, sino porque las tesituras feministas o convencionales siempre han mostrado a la prostitución para las mujeres como una deshonra.

La propia sexualidad siempre se ha contemplado como algo santificado, una cuestión que es más profunda que otra acción personal, un peso que a lo largo del tiempo se ha mantenido sobre las compañantes sexuales, no obstante se trata de algo que no puede ser lo normal. Lo que no puede ser es que se vea a la prostituta estigmatizada, una víctima por excelencia a la que cuestionan todo tipo de libertad propia. Pelear contra esa señal que poseen las putas es plantearse esta cuestión: ¿existen buenas y malas mujeres?. Y si aceptamos dicha tontería, ¿por qué se consideran “malas” mujeres a las prostitutas? Os digo por qué, porque su expresión se nos manifiesta despejada de prejuicios, manifestando libertad económica, imponiendo sus tarifas y siendo desobedientes con lo estipulado. ¿Eso merece un castigo moral? No. Pero no se soporta que se pueda percibir económicamente una recompensa a cambio de sexo. Es absolutamente inadmisible para la mayoría, o no, pero es así. La escort dice: “Si quieres follar, paga, y además el precio lo pongo yo”. Y esto, es intolerable para la floja moral de los más eruditos. Eso sí, si se trata de un amante y no hay dinero de por medio, ya es otra historia, de tipo “light” …

Representar lo prohibido no es cuestión fácil. No se puede ser decente sin ser invisible. Este es el motivo por el que toda escort exige complicidad y discreción. Nadie puede decirle a su madre “soy puta”, aún cuando así lo haya decidido. Hay innumerables motivos por los cuáles una mujer puede decidir tomar este camino. Eso no quita que también nos encontramos con chicas que realmente se ven obligadas. Por su puesto que sí, somos conocedores de las mafias que directamente esclavizan a personas (no sólo a mujeres adultas, también a niñas y niños) y que desde la fuerza y la extorsión las obligan a realizar actividades bajo coacción. Estas mujeres no son libres, son esclavas. Estos escenarios son absolutamente intolerables y la fuerza de la ley debe caer siempre sobre ellos haciendo uso de todos los recursos posibles al alcance.

Una cosa es clara, cuando una persona decide prostituirse libremente, no está vendiendo su cuerpo, tampoco está vendiendo sexo, sólo está ofreciendo un espejismo momentáneo de posesión y masculinidad convencionales. ¡ Ahí queda !

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